Autor: mikkihacecosas

  • El lado oscuro de Pokémon Esmeralda

    El lado oscuro de Pokémon Esmeralda

    De la creadora del éxito superventas En Skyrim no hay baños llega a las mejores pantallas… El lado oscuro de Pokémon Esmeralda, una auténtica historia de terror para los entrenadores y para los Pokémon.

    Quien mas, quien menos ha jugado alguna vez a Pokémon, sea en la GameBoy, en la GBA, en la DS o en la Switch. Empecé a jugar a Pokémon con el Esmeralda. Región de Hoenn, iniciales muy monos y un mundo por descubrir. Parecía idílico a mis ojos de niña, pero analizándolo de mayor da que pensar y para mal.

    Imaginad la situación: Te acabas de mudar con tu madre a Villa Raíz, un pueblo a tomar por culo de todo lo interesante. Has viajado en el camión de la mudanza con todos los chismes. Tu padre no ayuda a descargar una caja porque está trabajando como líder de Gimnasio en Ciudad Petalia (se agradece que al menos en este juego exista la figura paterna y sea menos ausente que en los demás). Los que hacen el trabajo duro son Vigoroth (un poco de explotación laboral).

    Ese mismo día conoces al hijo o hija del vecino, que te dice que tiene que ayudar a su padre, el profesor Abedul, pero se planta delante del ordenador y se queda tan pancho.

    Cuando sales de su casa, a su padre le ataca un zigzagoon (con lo monos que son) y no te queda otra que tomar prestado un pokémon de la bolsa que tiene tirada en medio del camino. Eliges, te cargas al pobre zigzagoon y ¡premio! Ya eres oficialmente entrenador Pokémon porque te lo regala, así por la cara. Después te obliga, no te da otra opción, a que el Pokémon que te acaba de regalar se pegue con el de su hijo o hija. Aquí, fomentando la violencia.

    Aura o Bruno son majos, no son pasivo-agresivos y te van dando pista y ayudando por el camino. No hay pique en los combates ni te hacen bullying como Gary, el rival del Rojo Fuego o Verde Hoja.

    Si lo pensamos, hay un lado oscuro de la hostia. ¿A quién se le ocurre dejar a un crío sólo para que recorras el mundo? Que no llegas ni a adolescente.

    Dejas a tu madre sola en casa porque tu padre está demasiado ocupado con su trabajo. Ciudad Petalia no está demasiado lejos, pero hay que tener voluntad e interés, cosa que no tiene. Ya no vivirás con tu familia. A tu madre incluso le hace incluso ilusión que te vayas y su regalo de despedida son unas deportivas. No te puedes rebelar, no puedes decir que te quedas en casa porque quieres estudiar.

    Ahora el camino es tu hogar: Rutas infestadas de Pokémon salvajes que te paran cada dos por tres (va por ti Zubat), bosques llenos de bichos que dan por saco, nadadores quietos a mar abierto, esperando a que pases a lomos de tu Marill para retarte a un combate… La vida de este entrenador no es la más sencilla del mundo. Vayas a donde vayas quieren pegarse con tus Pokémon y no aceptan un no por respuesta.

    Aún siendo un crío tienes que enfrentarte a dos organizaciones terroristas que luchan por expandir la tierra y el mar: El Equipo Magma y el Equipo Aqua. Y ojo, no te lo pierdas, porque también te toca salvar el mundo porque estos terroristas han decidido que era buena idea despertar a Groundon y a Kyogre. Estos dos Pokémon legendarios solamente se estaban echando su siesta de chill en su respectiva cueva. Pero claro, los despiertan y se cabrean con motivo y, en vez de unir fuerzas y machacar al Equipo Magma y al Equipo Aqua, se pelean entre ellos en medio de una ciudad.

    Todo es un caos, el tiempo está más loco que nunca, olas de calor y danas a mansalva. Así que ahora te toca despertar a Rayquaza, el Pokémon legendario más tocho de la región, para que ponga orden entre esos dos que se pegan y evitar una hecatombe.

    Rayquaza pone orden y vuelve a dormir. Te dan la enhorabuena y hala, ya puedes continuar con tu vida. Ya te puedes enfrentar al último gimnasio Pokémon.

    Pero hablemos de la otra perspectiva, la de los Pokémon. Zigzagoon era un cachorrito que vivía con sus hermanos y sus padres. Era libre y se pasaba el día corriendo de un lado para otro. Un buen día, un colega suyo le reta: Tiene que morder al profesor Pesado en el culo. Pero aquello no se queda en un mordisco inocente, sino que se lo pasas demasiado bien persiguiéndolo mientras el profe llora desconsolado. Pero llegas tú, el jugador, y le paras los pies con el Pokémon que acabas de coger. Lo haces papilla y ahora el zigzagoon jura venganza. Lo que no se espera es que cuando lo vuelvas a ver no lo reconozcas y que pienses «ay, que mono, lo voy a coger con la Pokéball». Lo coges y el pobre bicho se siente atrapado, lo separas de su familia, de su hábitat, de todo lo conocido, para al final dejarlo en una caja dentro del ordenador porque no es lo suficientemente fuerte.

    Como zigzagoon, no son pocos los Pokémon que terminan arrojados en el ordenador, condenados al olvido hasta que el jugador se pasa la partida y se puede dedicar a entrenar estos pokémon. Ojo, que el fin es egoísta. El objetivo no es hacerse amigo del Pokémon y compensarlo por el tiempo que ha pasado encerrado, no. El objetivo es entrenarlo para que evolucione y así completar la Pokédex. Una vez haya evolucionado vuelve al ordenador o más bien la caja de los horrores.

    Después está el tema de la Zona Safari, parece una zona protegida, pero se están haciendo de oro a base de practicamente comerciar con Pokémon. En la teoría no los venden, pero sí venden Pokéballs para que puedas atraparlos. Ellos viven allí tranquilitos hasta que llegas tú y empiezas a separar familias enteras.

    ¿Qué vida les espera a aquellos que no son el Pokémon Inicial? ¿A aquellos que no son Rayquaza? Por no hablar de que cuando consigues un Ditto, su único cometido es procrear. Nadie les pregunta lo que quieren. ¿Quieres entrenar y luchar contra otros? ¿Quieres participar en concursos de carisma o belleza? ¿Quieres tumbarte debajo de un árbol y dormir un rato?

    Encerrados, abandonados en la guardería para que pongan huevos, utilizados de mano de obra para levantar cajas, obligados a pelearse unos contra otros por diversión de los entrenadores…

    La vida del entrenador no es fácil, pero la del Pokémon tampoco.

  • El cumpleaños de mi madre

    El cumpleaños de mi madre

    Ayer mi madre habría cumplido 58 años y fue uno de esos días en los que la realidad te da una hostia de las gordas. Es el primer cumpleaños de mi madre sin mi madre.

    Dicen que el primer año es el más duro, sobre todo en fechas señaladas como lo son las festividades y los cumpleaños, y razón no les falta. Han pasado cinco meses y sigue siendo todo raro, demasiado raro. La vida sigue, pero ella no está y es muy raro. Echo de menos contarle tonterías, el último cotilleo, el último dato random que he leído en internet, que me cuente lo que ha pasado en la serie turca del momento, que me abrace y me escuche, que me haga esos canelones con bechamel que le salían tan bien. Echo de menos los momentos del día a día, los viajes en el coche, hacer la compra.

    El año pasado celebramos su cumpleaños, porque siempre lo hacíamos, aunque le pusiéramos las velitas encima de un bocadillo. Este año ya no, ya no las ha soplado ni ha pedido un deseo. Tampoco ha habido felicitaciones ni abrazos de esos que estrujan.

    Ayer no quería quedarme encerrada en casa, triste, quería hacer algo diferente con mi padre. Quería algo bonito, algo que a mi madre le hubiera gustado. Así que fuimos a Raixa, una posesión de Bunyola, conocida porque allí rodaron Bearn o la sala de las muñeacs (1983), la adaptación de la novela de Llorenç Villalonga. Por una cosa o por otra nunca llegamos a ir con mi madre y eso que ella quería. Fue una forma de honrarla, supongo. Disfrutar del buen día, de visitar un lugar que le habría encantado. Pienso en ella cuando veo cosas bonitas, cuando veo abanicos o mariposas. Pienso en lo mucho que disfrutaba de la vida y de los pequeños momentos.

    Lo curioso es que desde allí se veía el Hospital Juan March, uno de los hospitales de paliativos de Mallorca. Cuando lo vi me dio un vuelco el corazón, porque nos podría haber tocado allí. Era una posibilidad más.

    Esta semana he estado sensible, llorona, triste, sí, aunque siempre intento que no se me note, pero ahí está. He de decir que a lo mejor me he torturado de más mirando fotos antiguas y de cuando era pequeña. Esta claro que nadie lleva el duelo de la misma manera. Intento no cerrarme, no bloquearme, aunque me doy cuenta que delante de la gente lo hago, sigo poniéndome la armadura.

    Ayer fue un día duro, para qué mentir, me pesó todo muchísimo y lloré más en un día de lo que lo he hecho en un mes. Y no pasa nada por llorar. No pasa nada y lo tengo asumido. Es mejor que salga a que se dentro enquistado.

  • En Skyrim no hay baños

    En Skyrim no hay baños

    Aviso: Voy a abrir un melón. Tal vez es innecesario y random, pero es lo que hay un lunes por la mañana. Disclaimer: Todavía no he jugado al Baldur’s Gate 3.

    Hace un rato hablaba con un amigo sobre mis andaduras por Skyrim (porque sí, a veces una necesita evadirse de la realidad de alguna manera y decide crearse una elfa del bosque e ir por la vida con un arco y tirando bolas de fuego). Ayer estaba construyendo en Falkreath mi casa, que por ahora es casita con lo justo y necesario para vivir porque todavía no me he puesto con las ampliaciones. Le he dicho que podría mudarme allí, en esa casita.

    Visualizad el anuncio de la inmobiliaria:

    Al norte de Falkreath, a escasos metros del río, se encuentra una coqueta casa de madera de una habitación para desconectar de la guerra de Skyrim y del ajetreo de la ciudad. Con vistas al bosque, está totalmente equipada, cuenta con cama doble, cocina completa, huerto, horno de fundición, gallinero y establo. Administrador de la finca incluido. Cochero y bardo opcionales.

    Mansión Vista Lacustre, Falkreath

    ¿Pero sabéis que me falta? Un baño. Hay necesidades básicas más allá de dormir y comer y parece que en el género de la fantasía estas cosas no existen. En Skyrim no hay baños. Acceso a agua y un aparente alcantarillado en las grandes ciudades, pero no hay baños. La gente no se baña. Puedes alquilar una habitación para pasar la noche, pero te metes en la cama tan tranquilo y lleno de mugre y no pasa absolutamente nada, los de la posada no te ponen a parir porque has dejado las sábanas guarras. Puedes comerte veinte coles, diez patatas y cinco trompas de mamut mientras luchas contra una araña gigante, pero después esa cantidad indecente de comida no la digieres ni la expulsas.

    Los héroes están tan ocupados salvando el mundo que se les olvida ir al baño. Se les olvida que la comida a veces sienta mal y te puede dejar un par de días con una gastroenteritis del copón, que si no comes fibra suficiente vas estreñido e hinchado por la vida, que en un mundo sin papel de váter pueden salir erupciones y alergias dependiendo de la hoja con la que te limpies el culo (si es que te lo limpias).

    No es que en otros mundos de fantasía el tema de los baños esté mucho mejor, pero al menos Geralt de Rivia se baña y existen las casas de baños.

    Será meme, pero al menos Geralt se acuerda de asearse

    ¿Veis? Las bañeras están más normalizadas que las letrinas, supongo porque dan más juego y sobre todo porque vende más una tía en pelotas en la bañera que cagando o meando. Si lo pensáis, en Juego de Tronos no son pocas las escenas en las que Daenerys sale desnuda y en remojo, pero el único momento que recuerde en el que se ve a alguien haciendo sus necesidades sentado en un váter es Tywin Lannister antes de que se lo carguen.

    Otro melón a abrir es el de como se trata la regla, la menstruación. ¿Qué haces cuando tienes la regla en un mundo de fantasía? ¿Hay tónicos o pociones? ¿Compresas de tela? ¿Tampones de alguna clase? Imagina tener que sacar fuerzas para derrotar al malo malísimo en tu segundo día de regla, qué faena. Pediría una prórroga, dejaría que el mundo ardiera o conseguiría cargarme al malo a base de mala hostia.

    Una de las pocas veces que he visto tratar el tema es en la Saga de Geralt de Rivia (The Witcher) con Ciri adolescente en Kaer Morhen y Triss poniendo los puntos sobre las íes, pero no es algo que se haga demasiado. En otras historias la regla está ahí para anunciar que la chavala de turno está ya en edad fértil y puede casarse y procrear, pero poco más.

    Que parte del encanto de la fantasía resida en la evasión de la realidad es normal, pero a veces una se hace demasiadas preguntas (lo que tiene meterse en los personajes, vaya). ¿Qué pasa si estás en medio de la Batalla de los Campos del Pelennor y te da un apretón? ¿Te aguantas y sigues matando orcos? ¿Te lo haces encima? ¿Buscas un rincón detrás de un ulifante aprovechando que todo el mundo está ocupado? No me digáis que nunca os habéis planteado este tipo de cosas porque no me lo voy a creer.

    Así que a modo de resumen tenemos que a los protagonistas les interesa más ir limpios que cagados (porque además tienen un estómago de hierro y toda la comida les sienta fantásticamente) y que la regla no interfiere en el viaje de la heroína. Lo importante es el camino (viaje antes que destino y esas cosas), derrotar al villano, enamorar a la chica y todo lo demás se deja para otro día, porque no hay que quitar epicidad a la historia narrando necesidades básicas.

  • Cuenta atrás

    En tres días es mi cumpleaños y no lo llevo bien. No llevo bien el paso del tiempo y últimamente no llevo la vida bien, así en general.

    Tomé una decisión trascendental. Oh, pasar mi cumpleaños en Madrid y cambiar de aires, aunque sepa que mi cumpleaños es un día más y tampoco notaré un cambio de la hostia. La cuestión es que tenía la decisión tomada, pero no me voy a ir. ¿Por qué? La vida. Que me espere para volar me han dicho. Vuelvo a estar un poco pocha de los oídos, así que me toca esperar.

    He perdido mucho tiempo esperando. Demasiado diría. Esperando a que las cosas mejoraran, a que la gente cambiara (esperanza muy tonta, ya lo sé), a que mi madre mejorara… He esperado y para lo único que me ha servido es para perder el tiempo.

    El otro día hablaba de decisiones, de que había llegado el momento de tomar decisiones. Ahora tengo que enfrentarme a mi cumpleaños y es un no.

    No quiero estar en ninguna parte. No quiero estar en mi casa, no quiero estar fuera, no quiero irme a ningún sitio, pero tampoco quiero quedarme. Físicamente es imposible que no esté en alguna parte, pero no quiero. Hace un mes me lo imaginaba, que mi madre ya no estaría este año. Imaginárselo es una cosa y que ocurra es otra. Este año no habrá nada. Nada.

    Así que ha empezado la cuenta atrás para un cumpleaños que no quiero celebrar ni estar en ninguna parte. Supongo que el sábado llegará y el rumbo de la vida decidirá. Tocará el mal menor, porque no hay nada bueno.

  • De decisiones va la cosa

    De decisiones va la cosa

    Siempre he sido indecisa o eso me digo, porque en realidad lo que siempre me ha dado miedo es el hecho de tomar una decisión. ¿Y si no tomo la correcta? ¿Y si me equivoco?

    Así que he decidido que voy a empezar a tomar decisiones, aunque me asusten, aunque me duelan. Necesito estar en movimiento y salir de este estado de parálisis absoluto. La vida es muy corta como para no seguir nadando.

    Tengo que hacer algo, tengo que volver a la vida. Ahora tengo tiempo, pero estoy congelada, una vez más por el miedo, por este mundo lleno de posibilidades. He pasado de tener un sólo camino a tener mil y una bifurcaciones. Demasiadas opciones.

    Pero hay que seguir y para ello tengo que alejarme de aquí, de Mallorca. Nunca he querido estar aquí y eso lo reafirman los escritos que encontré este martes de la época de la ESO y de bachillerato. Llevo tres años y medio aquí y ya es hora de salir. Así que eso es lo que haré: Saldré, aunque tenga miedo. Prefiero tener miedo a perdérmelo, porque ya he perdido demasiado tiempo teniendo miedo.