En tres días es mi cumpleaños y no lo llevo bien. No llevo bien el paso del tiempo y últimamente no llevo la vida bien, así en general.
Tomé una decisión trascendental. Oh, pasar mi cumpleaños en Madrid y cambiar de aires, aunque sepa que mi cumpleaños es un día más y tampoco notaré un cambio de la hostia. La cuestión es que tenía la decisión tomada, pero no me voy a ir. ¿Por qué? La vida. Que me espere para volar me han dicho. Vuelvo a estar un poco pocha de los oídos, así que me toca esperar.
He perdido mucho tiempo esperando. Demasiado diría. Esperando a que las cosas mejoraran, a que la gente cambiara (esperanza muy tonta, ya lo sé), a que mi madre mejorara… He esperado y para lo único que me ha servido es para perder el tiempo.
El otro día hablaba de decisiones, de que había llegado el momento de tomar decisiones. Ahora tengo que enfrentarme a mi cumpleaños y es un no.
No quiero estar en ninguna parte. No quiero estar en mi casa, no quiero estar fuera, no quiero irme a ningún sitio, pero tampoco quiero quedarme. Físicamente es imposible que no esté en alguna parte, pero no quiero. Hace un mes me lo imaginaba, que mi madre ya no estaría este año. Imaginárselo es una cosa y que ocurra es otra. Este año no habrá nada. Nada.
Así que ha empezado la cuenta atrás para un cumpleaños que no quiero celebrar ni estar en ninguna parte. Supongo que el sábado llegará y el rumbo de la vida decidirá. Tocará el mal menor, porque no hay nada bueno.
Deja un comentario